PIEL

¿Qué quiere saber sobre Lifting Facial?

Piel,cuidados década a década

NADA PUEDE EVITAR SU ENVEJECIMIENTO, PERO SÍ ES
POSIBLE RETRASAR LA PÉRDIDA DE LA LOZANÍA Y DEMORAR
LA APARICIÓN DE MANCHAS Y ARRUGAS.



NADA PUEDE EVITAR SU ENVEJECIMIENTO, PERO SÍ ES POSIBLE RETRASAR LA PÉRDIDA DE LA LOZANÍA Y DEMORAR LA APARICIÓN DE MANCHAS Y ARRUGAS.

Por Teresita González G. Hasta los 30 años la piel conserva la capacidad de recuperarse de los daños que producen la contaminación, el sol y la falta de cuidados. Con el paso de las décadas este mecanismo de reparación se vuelve menos efectivo, dando paso a las arrugas, las manchas y a los cambios en la textura de la piel. “El bronceado es una respuesta de la piel para protegerse de los rayos del sol. La clave para prevenir los cambios prematuros de la piel es protegerla de los rayos ultravioletas, que son nocivos. La piel debe limpiarse, humectarse y, ante todo, cuidarse con un protector solar que tenga un factor mínimo de 15, independiente del clima en que se encuentre”, asegura Jorge Espinosa, cirujano facial.

De los 20 a los 30 años La piel es clara, tersa, está hidratada y los poros son pequeños. Los mecanismos de reparación originados por los daños del sol, la contaminación y el viento, entre otros factores, funcionan mejor porque la composición de colágeno de la piel le permite recuperar, después de dos semanas, su apariencia tersa, sana y sin manchas tras de una prolongada exposición al sol.

De los 30 a los 40 En esta década empiezan los cambios. Disminuye el remplazo celular y la hidratación de la piel. Esta luce más seca, delgada y aparecen las primeras líneas de expresión gestos de la cara.

Estos cambios se deben a la transformación del colágeno, que es la proteína que mantiene la piel íntegra. Comienza a romperse a partir de los 30 años y produce arrugas alrededor de los ojos y la boca. Por esta razón, en esta década la exposición al sol sin protección ya no es tan benévola. A las dos semanas del bronceado.

Como mínimo es necesario limpiar el rostro todos los días, usar bloqueador solar, comer en forma balanceada y tomar mucho agua. La idea es mantener la piel nutrida e hidratada.

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RITIDOPLASTIA – CANDIDATOS

LA RENOVACIÓN DEL ÁGUILA

Hay historias que nos impactan, nos invitan a reflexionar y cambian nuestra vida. Esto ocurrió cuando conocí la historia del águila, cuya capacidad y valentía para renovárseme me enseñó que a pesar de las espinas, la acción es la única que opaca a la resignación. Lo primero que me sorprendió fue saber que el águila vive 70 años, el mismo promedio de vida que tenemos muchos humanos. Durante su juventud, el águila tiene una figura imponente, su vuelo es majestuoso y pocas aves la igualan en su habilidad para capturar su presa, pero su juventud se va y cuando cumple 40 años su vida comienza a complicarse. Sus uñas, que eran curvas y resistentes, se han desgastado y ya no puede agarrar bien a su “alimento”; su pico, está muy curvo y ya no tiene el mismo agarre. Sus plumas se han tornado gruesas y pesadas y por esta razón, su vuelo ya no es el mismo, su vida ya no es la misma, y como es cuestión de supervivencia solo tiene dos alternativas: morir o vivir un doloroso proceso de renovación que puede durar 150 días. Con valentía decide renovarse y se va a buscar un refugio en lo más alto de una montaña; allí debe encontrar un espacio para hacer un nido, donde no sea necesario que vuele y, lo más importante es que tenga cerca una pared. Vuela y vuela hasta que encuentra el sitio donde se va a resguardar en soledad para comenzar su proceso de renovación, que será muy doloroso y debe vivirlo sola. Ubicada en su nido empieza de inmediato a golpear su pico contra la pared. Una, dos, tal vez cien veces hasta que se lo arranca. Con mucha paciencia y soportando el dolor, espera hasta que le nace de nuevo. El nuevo pico es fuerte, como el que tenía en su juventud y debía esperar que creciera para poder continuar. Ahora, debe arrancar sus uñas, una a una, con su pico nuevo. Tal vez enfocada en los resultados resiste el dolor y, sin ser consciente de ello, está cultivando las valiosas virtudes de la fortaleza y la paciencia. Más allá del dolor está la seguridad de que con sus uñas nuevas no volverá a soltar sus presas, no volverá a pasar hambre… Cuando sus garras se renuevan, es hora de dar el tercer y último paso sabiendo que ese dolor será su medicina. Comienza a quitar una a una sus viejas y pesadas plumas para esperar a que salgan las nuevas, con las cuales renacerá y volverá a irrumpir en el cielo con la majestuosidad del pasado, cuando volaba como si el mundo le perteneciera. Después de pasar esta dura prueba de coraje, dolor, sangre y valentía, que duró cinco meses, sale victoriosa a su vuelo de renovación, con el cual inicia una nueva etapa, consciente de que su proceso de envejecimiento continúa, pero aprovechará al máximo sus 40 años de experiencia para disfrutar al máximo, los 30 que le quedan.

¿ERES CANDIDATO PARA UN CAMBIO?

Leonardo Da Vinci, gran observador, decía que: “La naturaleza benigna provee de manera que en cualquier parte halles algo que aprender” y es absolutamente cierto porque ese ejemplo de renovación del águila me permitió reflexionar sobre la importancia de darme una segunda oportunidad para detener el proceso de envejecimiento sabiendo que el tiempo implacable sigue su caminar. Mi alma permanecía joven pero mi rostro no. Mis expectativas eran realistas, no quiero parecer como una adolescente porque ya no lo soy. Quiero una oportunidad de verme linda y de retroceder unos años. Hablé con mi amiga Caro, que se hizo una ritidoplastia y me encantó como se ve. Me hizo énfasis en que su cirujano, el doctor Jorge Espinosa, se ha preparado de manera idónea y está catalogado como uno de los 100 mejores cirujanos del mundo. Su lema es: “Si el resultado no luce natural, no se ve bien”, para lo cual pone a disposición de sus pacientes sus conocimientos científicos y los avances tecnológicos para obtener óptimos resultados. Además, cuando fui a la consulta me encontré con un doctor cordial que me recibió con una gentileza exquisita y entendí que la gentiliza unida a la inteligencia hace que irremediablemente tengas una cita cordial y una cirugía exitosa. Cuando le pregunté si sería candidata para una ritidoplastia, me dijo que me haría unas preguntas para que yo misma supiera si era candidata y me preguntó:

- ¿Tienes entre 30 y 80 años?
- ¿Tienes buena salud?
- ¿Deseas que tu rostro se vea más firme, sin excesos de grasa y piel colgando? ¿Ves en tu cuello bandas colgantes?
- ¿Te consideras emocionalmente estable?
- ¿Por qué quieres realizarte la cirugía? ¿Qué expectativas tienes? ¿Son reales?
- ¿Crees que la cirugía detiene el tiempo de envejecimiento?
- ¿Eres hipertensa? ¿Tomas aspirina? O ¿Consumes vitamina e?
- ¿Fumas? ¿Ingieres alcohol con mucha frecuencia?
- ¿Tienes diabetes?
- ¿Tienes de dos a tres semanas para el posoperatorio?
- Aunque son escasas las complicaciones ¿Sabes que la cirugía tiene riesgos?
- ¿Sabes que el estiramiento facial puede reunir varias intervenciones en una?

Al terminar el cuestionario y ver que era una excelente candidata recordé que yo hablaba del derecho a envejecer dignamente y decía que nunca me haría una cirugía, pero después de ver el ejemplo del águila entendí el gran parecido que tenemos con el águila cuando cumplimos 40 años. No estamos viejos pero la juventud comienza a escaparse y es entonces cuando debemos resguardarnos y como el águila iniciar un proceso de reflexión, de análisis y renovación en el cual nos preguntamos: ¿debo renovarme? ¿por qué debo renovarme? y entonces comprendemos que para iniciar un nuevo vuelo es necesario romper con el pasado, con las ataduras y costumbres que nos impidieron volar tan alto como queríamos. Todos somos candidatos a una verdadera renovación que debe nacer en el corazón para que se irradie en nuestro nuevo rostro.